Desde el punto de vista de la lubricación, la viscosidad es la propiedad más importante de un aceite: Es la resistencia que ofrecen las propias moléculas que lo forman, a deslizarse entre sí.
El aceite de engrase tiene la misión de disminuir los rozamientos de las piezas metálicas entre sí, pero también hay que contar con su particular rozamiento interno, que tiene lugar al fluir el líquido. Es decir, la viscosidad es una propiedad que se pone de manifiesto cuando el líquido está en movimiento. La viscosidad es una magnitud física que mide la resistencia interna al fluir del líquido. Dicha resistencias interna es debida al frotamiento de las moléculas del propio líquido al deslizar y rozar unas contra otras. Cuanto mayor es la viscosidad de un aceite, mayor es la resistencia interna que ese aceite opone a su propio fluir.
Cuando hablamos de que un aceite es un SAE 30 ó 40, estamos haciendo alusión a su viscosidad. Un aceite SAE 40 es más viscoso, aunque no necesariamente más denso; no existe relación directa entre la viscosidad y la densidad. Utilizando el mismo ejemplo, para la lubricación de los motores en invierno, es más aconsejable el uso de un aceite SAE 30, puesto que la menor resistencia interna al fluir permitirá que la masa de aceite llegue antes a todos los puntos a lubricar después de haber arrancado el motor en tiempo frío.
Por el contrario, en verano es preferible usar un aceite SAE 40 porque la mayor resistencia interna al fluir de las moléculas de un aceite SAE 40 ayudará luego a garantizar mejor la permanencia de la película lubricante en condiciones de temperatura elevada durante el servicio normal del motor. Pero hay que tener claro que las graduaciones SAE (20, 30, 40,…) no están referidos a la temperatura ambiente predominante en cada caso.
